‘El tiempo en la mirada’

Rectorado de la Universidad de Sevilla

Comisario, Luis Méndez Rodríguez

Hasta el 31 de Agosto

Hay pocas cosas más certeras que el tiempo y su inexorable fluir. En ocasiones su tránsito se nos hace lento y tortuoso, aunque en otras ocasiones es tan rápido que dudamos de la realidad y su efervescencia. El tiempo pasa y todo se transforma.

A pesar de todo, contamos con algunos recursos que nos permiten quedarnos con un trocito de la historia, del tránsito del tiempo, de un momento y una situación específica. La memoria y las herramientas gráficas (dibujo, pintura, grabado, fotografía…) son las únicas máquinas del tiempo que existen.

Todos nos aferramos al tiempo. Todos guardamos un grato recuerdo de un momento pasado, una imagen nítida de cierto viaje que realizamos, o la musicalidad de cierta melodía de la infancia…

Los historiadores del Arte hemos hecho de ese tiempo pasado nuestro oficio y vivimos (o hacemos lo que podemos…) estudiando esas imágenes que nos traen al presente retazos del pasado, de elementos físicos que lamentablemente ya se han perdido y que tan solo existen en ciertas obras.

Esta es la premisa que queda detrás de ‘El tiempo en la mirada’, la exposición que nos recibe en el hall del Rectorado de la Universidad de Sevilla. Luis Méndez, Comisario de la muestra, y director del Servicio General de Fototeca del Laboratorio de Arte, ha sido el encargado de traernos imágenes de la Sevilla (capital y provincia) del pasado. Hay que reconocer que recorrer la exposición en este espacio original del XVIII, como es la antigua Real Fábrica de Tabacos, ya nos introduce plenamente en un tiempo pretérito, pero el proceso se completa al introducirnos en algunas de esas imágenes que conforman la exposición.

La gran protagonista es la propia Fototeca del Laboratorio de Arte. Cualquiera de los que hemos tenido la oportunidad de formarnos como historiadores en la hispalense sabemos de la enorme calidad de la misma y de su indiscutible importancia en el ejercicio de la Historia del Arte en esta ciudad, ya que se creó a principios del XX por Murillo Herrera para dotar de imágenes documentales el departamento y servir de herramienta a los investigadores. A día de hoy, es uno de los mejores tesoros documentales de Sevilla.

Por esa razón, además de hacer un repaso por el origen de la fotografía y sus implicaciones, se nos muestra como trabajaban los primeros investigadores de la Fototeca, sus herramientas, libretas para documentar y cámaras (sí, esos enormes aparatos que no cabían, como ahora, en los bolsos).

Es un placer poder recorrer cada uno de los paneles y fijarse en cada una de las  fotografías (aunque alguna que otra tiene erratas identificativas en la cartelería). Tengo que reconocer que yo soy un amante de la fotografía antigua. No tanto como soporte artístico, sino como puente entre dos épocas. Podemos ver cómo han cambiado algunos monumentos, contemplar algunos que ya ni siquiera existen, dislumbrar maravillas que de otra manera hubiese sido imposible conocer. Y hay que reconocer que en Sevilla, de eso tenemos para dar y regalar. Hemos perdido infinidad de patrimonio artístico, referentes históricos que se han diluido con el paso del tiempo y que ya tan solo existen en el papel fotográfico. Exposiciones como estas nos permiten, a parte de contemplar el magnífico tesoro documental con el que cuenta el Departamento de Historia del Arte, a aprender una lección acerca del respeto al Patrimonio Histórico. Porque o defendemos lo que tenemos, o las futuras generaciones tendrán que contemplarlo por fotografías como estas (o quizás en 3D, hologramas, realidad aumentada o lo que sea… pero no la realidad verdadera).

Sobre el mundo superior…

 

“Hay, pues, toda una parte de la realidad que se nos ofrece sin más esfuerzo que abrir los ojos y los oídos -el mundo de las puras impresiones-. Bien que le llamemos patente. Pero hay otro trasmundo constituido por estructuras de impresiones, que, si es latente con relación a aquél, no es, por ello, menos real. Necesitamos, es cierto, para que este mundo superior exista ante nosotros, abrir algo más los ojos, ejercitar actos de mayor esfuerzo; pero la medida de este esfuerzo no quita ni pone realidad a aquél. El mundo profundo es tan claro como el superficial, sólo que exige más de nosotros.”

Ortega y Gasset