Sobre la ira…

¿Siento ira contra aquellos que me obligaron a habitar
En este inmenso lazareto lleno de desgracias?
Donde la risa no es alegría, ni el pensamiento entendimiento,
Ni las palabras un lenguaje,
Ni incluso el hombre humanidad;
Donde el llanto es la respuesta a las blasfemias,
Los gritos a los golpes,
Y donde cada uno es torturado en su infierno individual,
Puesto que estamos amontonados en nuestras soledades,
Muchos, pero separados unos de otros por el muro,
En el que resuena el caprichoso borboteo de la Locura.
“El lamento de Tasso”
1817
Lord Byron

 

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De joyas escondidas…

He dedicado la mañana de hoy a una de las labores que, como Historiador del Arte, le tengo más afecto. Me refiero al trabajo de campo. La investigación de Archivo.

Supongo que en esto, como en todo, cada uno estará más o menos de acuerdo conmigo. Lo cierto y verdad es que yo le tengo un cariño especial. Me gusta mucho el tacto del papel antiguo, la caligrafía de cada uno de los escribanos (aunque de alguno que otro me acuerdo más de su parentela al completo que otra cosa) y, sobre todo, su historia. ¿Quién habrá leído este mismo documento antes que yo? ¿Buscábamos lo mismo? Si no lo ha leído nadie, ¿soy el primero en más de dos siglos en hacerlo? Entiendo que cualquier psicoanalista podría diagnosticarme algún tipo de síndrome de “Indiana Jones” y, seguramente, tenga toda la razón. Pero la labor del investigador histórico es, a todas luces, apasionante (además de que su importancia queda fuera de toda duda).

Esta mañana, el objetivo de mi búsqueda se encontraba en el Archivo Histórico Provincial de Sevilla, también conocido como el Archivo de Protocolos, situado en la calle Almirante Apodaca del centro histórico. El edificio es espectacular, con una magnífica fachada de corte neoclásico. Los arquitectos fueron José Gallego y Díaz y José López, que terminaron la construcción en 1908, con una primitiva intención de que sirviera de Juzgados municipales, sobre el solar que antiguamente ocupara la Alhóndiga. Para los años 60 el edificio ya estaba en desuso y hubo que esperar hasta 1987 para que el edificio abriera de nuevo sus puertas, tras una rehabilitación de los arquitectos sevillanos Antonio Cruz y Antonio Ortiz (los mismos que se han encargado de la ampliación de la pinacoteca holandesa por excelencia, el Rijkmuseum).

Una vez efectuada mi jornada investigadora, pude disfrutar del espacio al que el Archivo Histórico Provincial viene dedicando, desde hace ya algún tiempo, “El documento del mes”. Este tipo de acciones culturales son tremendamente importantes. Como mencionaba antes, el valor de los archivos históricos y el uso del que los historiadores hacemos de ellos queda fuera de toda duda, pero es también conocido que estos espacios parecen quedar única y exclusivamente al servicio de estos mismos historiadores. Es de agradecer que los archivos se abran al resto de ciudadanos, intentando atraerlos con interesantes exposiciones o importantes documentos, aunque sea con pequeños espacios como el que presenta el Archivo Histórico Provincial de Sevilla.

En esta ocasión se nos muestra como documento, el plano del proyecto arquitectónico que se hiciera para la “Ciudad escolar del Inmaculado Corazón de María”, fechado en 1947, por el arquitecto Antonio Illanes del Río (1883-1973). Es un proyecto que se quedó en lo que el visitante ve, el papel, pero que nos permite conocer un primer boceto de lo que se quería hacer en la zona de la Huerta del Rey para el Colegio que hoy conocemos popularmente como Portaceli. Lo cierto y verdad es que al contemplar dicho proyecto lo primero que se me pasó por la mente fue que se tratara de algún tipo de villa olímpica (bien puede ser que por las fechas en las que estamos), por las grandes zonas deportivas y los amplios conjuntos arquitectónicos que estarían destinados a las labores docentes de la Compañía de Jesús. El proyecto contaba con una escuela de primera enseñanza para 400 plazas, un colegio de segunda enseñanza para 500 alumnos, una escuela profesional de 300 plazas, un salón de actos para 2000 asistentes, una casa de ejercicios y una residencia religiosa.

A pesar de todo, a mí me llamó mucho más la atención en el plano la intención de reiniciar las obras de la Basílica de la Inmaculada Milagrosa, aquella que comenzara a construirse en 1928 y que resultara ser el último proyecto constructivo del ilustre Aníbal González. La historia no es desconocida, tras desaparecer de la Dirección de la Exposición Iberoamericana (aún no sabemos si su dimisión fue forzada desde las altas cúpulas políticas) por la construcción de los dos “rascacielos” en forma de torres de la Plaza de España, que competían osadas con la altura de la Giralda. Tras esto, don Aníbal diseñó un magno proyecto de Basílica, de estilo neogótico, con un área de más de 10.000 m2, lo que la convertiría en uno de los mayores templos de la Cristiandad y, lo que era más importante, la construcción más alta de Sevilla, al contar sus dos torres de fachada con una altura total de 100 metros, superando en tan sólo 4 metros la altura de la Giralda. El 5 de Mayo de 1928 se puso la primera piedra, acudiendo al acto el rey Alfonso XIII, y a pesar de estar construida la base del templo, tras la muerte de Aníbal González, su construcción se paró y, a día de hoy, lo único que podemos ver de esa última obra de don Aníbal son precisamente los cimientos de la Basílica.Supongo que se comprende mi fascinación por ver en este proyecto de 1947 de Illanes la propuesta de continuar la construcción del Templo, tal y como Aníbal Gonzalez diseñara, inclusive en altura (parece que los debates actuales sobre la Giralda y la Torre Pelli son más arcaicos de los que muchos pensarían…), con el único añadido de un gran claustro en el lateral sur de la Basílica.

Hace unos días Museo Go Green, en su más que recomendado Blog, publicó un post en la que comentaba la problemática de las exposiciones en las que un diseño grandilocuente oculta un discurso vacío. Pues bien, ese no es el problema en el caso de “El documento del mes” del Archivo Histórico Provincial. No hay parafernalia alguna. De hecho, es muy básico. Todo se reduce al cartel introductorio, el texto informativo (no demasiado largo, pero suficiente) y la vitrina donde se expone el proyecto en sí. Ni más, ni menos. Pero de un simple documento de archivo, se puede sacar muchísima información.