¿Sabemos lo que hacemos?

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Francisco de Goya y Lucientes es un artista fascinante. A pesar de sus luces y sombras a nadie se le escapa que es un verdadero Genio, uno de los de verdad y no de esos que a base de repetición terminan vulgarizando el término.

A Goya lo conocemos como el padre del Arte Moderno. Fue uno de los primeros artistas que abogó por la libertad de creación del artista y en sus pinturas, grabados y dibujos encontramos antecedentes directos a lo que después se hará en la pintura simbolista, surrealista y expresionista.

Sin embargo se suele pasar por alto otra de las cualidades de Goya en las que el artista se adelanta a su tiempo, la de reportero de Guerra. En los grabados y dibujos preparatorios de los Desastres de la GuerraGoya nos presenta la cruenta realidad, sin  aportar una visión partidista ni ensalzando a ningún héroe. La guerra deja de ser representada como una vía hacia la inmortalidad para ser mostrada de manera objetiva.

Todo esto que estamos comentando es bien sabido por todos y, aún así, Goya sigue sorprendiéndonos. En mi caso, lo ha hecho con la obra que les presento arriba. Es el dibujo número 19 del Álbum E, conservado en la Staatliche Museen Preußischer Kulturbesitz, Kupferstichkabinett de Berlín y  realizado entre los años 1814 y 1817, es decir, aún en relación con los asuntos acaecidos en la Guerra de la Independencia. La imagen habla por sí misma. Un hombre, piqueta en mano, destroza una escultura. Goya no contextualiza la imagen, tan solo escribe “No sabe lo qe. hace”. Y es que no importa el qué representaba la escultura, si el hombre está ejecutando un acto iconoclasta o si su afán es meramente destructivo. Goya está planteando, a principios del siglo XIX, una crítica a la destrucción del Patrimonio.

Particularmente, la imagen que Goya nos ofrece me ha traído a la mente ésta otra que tuvo lugar la madrugada del 1 de Julio y que pudo verse en varios periódicos locales, cuando toda España celebraba el segundo título consecutivo de la Eurocopa y algunos energúmenos se dedicaron a destrozar la fuente que Brackembury realizara para Puerta Jerez en el contexto de la Exposición Iberoamericana de 1929. Y es que, aunque Sevilla es una ciudad con un conjunto histórico Patrimonio de la Humanidad declarada por la UNESCO y poseedora de un ingente número de bienes patrimoniales, parece ser que el respeto por aquello que la Historia nos ha dejado en herencia brilla por su ausencia. Es rara la semana en la que no nos encontramos algún tipo de patrimonio destrozado en actos vandálicos.

A pesar de que ha pasado mucho tiempo desde que Goya reflexionara sobre estos temas en sus dibujos, parece ser que no hemos conseguido avanzar mucho al respecto, y no sólo por causa de algunos incultos piqueta en mano. Pensemos en los daños patrimoniales acaecidos en los siglos de la Época Contemporánea. Las Guerras Carlistas, el expolio de iglesias y conventos en los siglos XIX y XX a manos de compradores voraces, la Guerra Civil, las malas restauraciones (el ejemplo del Ecce Homode Borja sigue muy presente) y, finalmente, el afán destructor de unos pocos y la desidia de muchos, se ha estado cebando con nuestro Patrimonio. Quizás no sea vano recordar que todo este Patrimonio Histórico es algo que nos define, nos muestra de dónde venimos y nos pertenece a todos, haciéndonos a todos responsables de su conservación.

Pero, ¿qué pasa entonces? ¿es el deterioro de nuestro Patrimonio el resultado del comportamiento de unos pocos vándalos? Lamentablemente, la respuesta es NO. Hay otros protagonistas que mediante su inacción son responsables de algunos graves atentados patrimoniales.

Aunque gran parte del Patrimonio histórico es de titularidad pública (Estado, autonomías, municipios), otra gran parte está en manos de un titular privado, la institución Iglesia, siendo ellos mismos los que, en algunos casos, hacen uso y disfrute de esos mismos bienes. Son ellos, por lo tanto, los que deben hacerse cargo de su óptimo estado, a pesar de que la realidad sea muy diferente. Quisiera poner dos ejemplos.

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El caso de la Iglesia de Santa Catalina ya lo hemos tratado en el Blog y quizás sea el más flagrante de los que han estado sucediendo en los últimos años en Sevilla. El edificio lleva más de 3.000 días cerrado a causa de los numerosos desperfectos con los que cuenta. Hace unos meses Francisco Granero pidió que se acometiesen obras de reparación ante los riesgos de un posible derrumbe de la Iglesia Gótico-Mudéjar y algo de resultado tuvieron sus palabras, ya que Ayuntamiento y Junta de Andalucía se decidieron a poner dinero sobre la mesa para su restauración, cosa que el Arzobispado no hizo, a pesar de ser el titular del inmueble y el máximo interesado en su recuperación.  A pesar de todo, a principios de Septiembre el Arzobispo Asenjo le dedicó unas palabras a la Iglesia, quitándole hierro al asunto y asegurando que un arquitecto (anónimo) afirmaba que no hay peligro de derrumbe inminente del inmueble y que, por tanto, la restauración de urgencia no era necesaria. Sin ánimo de desacreditar la honorable opinión del reputado Sr. Anónimo ni la confianza puesta en él por el Arzobispado, sí habría que tener en cuenta la vergonzosa actitud de acometer actos de restauración única y exclusivamente cuando existe riesgo de derrumbe. Nuestro Patrimonio se merece ser conservado en las mejores condiciones. Otra cosa es que nosotros no estemos a la altura de ésas condiciones.

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Un segundo ejemplo, en este caso de titularidad pública, lo encontramos en el Museo Arqueológico Provincial, situada en uno de los Pabellones de Aníbal González para la Exposición Iberoamericana. En este caso no hablaremos del proyecto de reforma de Vázquez Consuegra (que parece estar paralizado) ni del estado de conservación material del edificio, que dista mucho de ser óptima (como ejemplo, hasta hace unos meses se podía ver en la entrada un cartel advirtiendo del peligro por desprendimiento de algunos elementos decorativos de la parte superior…) pero que al menos es visitable (algo es algo). El Museo es uno de los más importantes a nivel nacional desde el punto de vista de su colección, aunque museográficamente diste mucho de ese puesto. La cartelería es pretérita, la disposición de las piezas parece un cajón de sastre y la pedagogía brilla por su ausencia, por no hablar de que la “joya de la corona” de la Colección, el Tesoro del Carambolo, ha vuelto a ser guardado en la caja fuerte porque el edificio no cuenta con las medidas de seguridad necesaria para su exposición. En este caso no nos encontramos con un caso literal de destrozo del Patrimonio, sino de falta de inversión pública, de conservación preventiva y difusión de la Colección.

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Goya lo tenía claro cuando pensaba en los culpables. En el grabado número 77 de la serie Los Desastres de la Guerra los señaló directamente. En la imagen, un numeroso grupo de personas hace cola para encontrarse con un lobo que escribe sobre un pergamino “Mísera humanidad, la culpa es tuya”. Goya hace notar que quizás no son esas gentes las que generaron el enfrentamiento entre Francia y España, puede que ni siquiera ellos participaran de los crímenes que acontecieron entre 1808 y 1814, que no apoyaran a los afrancesados o el regreso absolutista de Fernando VII… pero desde luego, sí lo permitieron.

De igual manera, no fuimos nosotros quienes destrozamos la fuente de Puerta Jerez, ni somos los titulares de la Iglesia de Santa Catalina ni del Museo Arqueológico Provincial de Sevilla, pero SÍ somos responsables de lo que suceda con ellos. Ya es hora de que la desidia abandone el tablero de juego. Es el momento de tomar conciencia y luchar por nuestro Patrimonio. Hay ejemplos de que nuestro esfuerzo sí tiene recompensas. Un grupo ciudadano lucha todos los días por la restauración de Santa Catalina desde las Redes Sociales y el Blog Cultura de Sevilla denunció en 2010 la irregular actuación sobre la Casa de la Moneda consiguiendo la paralización de las obras.

TÚ puedes hacer mucho por la conservación de nuestro Patrimonio. Pero, ¿sabes lo que haces?

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