Guías de turismo: entre el lobby y el intrusismo laboral

DSC_0076Aquellos de nosotros que nos dedicamos a la educación y la interpretación del patrimonio (trabajadores del sector cultural en general) nos hemos tenido que enfrentar en más de una ocasión con guías turísticos que denuncian e insultan a otros profesionales que hacen del patrimonio cultural su trabajo. Guías de turismo que enarbolan la bandera de la exclusividad, expulsando al resto de profesionales de un ámbito que consideran, erróneamente, propio.

Nadie discute la importancia del sector turístico como uno de los grandes pilares que generan riqueza en España, no en vano representa un 11% del PIB, ni pretendo en este post criticar la labor que realizan como informadores turísticos. Pero sí cabe replantearse si el gremio de profesionales del turismo está sobrepasándose más allá de su propio ámbito colonizando, en este caso, el sector cultural.

Para intentar resolver un problema que ya viene de antiguo, vamos a tratar de dilucidar qué es lo que genera confusión y cuáles son las funciones de cada profesión, porque ¿hay alguna diferencia entre el intérprete de patrimonio y el guía de turismo?.

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Desde luego que sí. Definamos cada una de ellas:

Profesional capacitado para revelar in situ el significado e importancia del legado histórico y natural al público que visita un lugar de interés patrimonial con el fin de que lo disfrute, lo aprecie y contribuya a su conservación. Utiliza para ello medios interpretativos que él mismo selecciona y diseña a la vez que redacta los textos que componen el discurso interpretativo.

La denominación de intérprete de patrimonio puede comprender varias situaciones profesionales que van desde personal técnico en interpretación (especialista en esta disciplina), planificador y planificadora de interpretación, o guía intérprete (guía que utiliza la metodología de la interpretación como herramienta de comunicación), entre otros.

Persona que guía a los visitantes en el idioma de su elección e interpreta el patrimonio cultural y natural de una zona, que normalmente posee una titulación específica sobre una zona, por lo general emitido o reconocido por las autoridades competentes.

Según parece, las definiciones de ambas profesiones son bastante similares, transmitir conocimientos acerca de un patrimonio contreto. Entonces, ¿qué los diferencia? Dejemos que la legislación vigente nos lo aclare. Para ello, nos centraremos en las publicadas por dos Comunidades Autónomas, ya que son éstas quienes tienen las competencias para regularlo en cada región:

Se considera actividad propia de los guías de turismo la prestación, de manera habitual y retribuida, de servicios de información turística a quienes realicen visitas a los bienes integrantes del Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz.

No obstante, quedan excluidas las funciones de divulgación y difusión desarrolladas por el personal de museos o instituciones del patrimonio conforme a lo establecido en su normativa de aplicación.

La Ley 3/1998, de 21 de mayo, de la Generalitat, de Turismo de la Comunitat Valenciana, regula en su artículo 6 las profesiones turísticas, y establece que «son profesiones turísticas las que tengan por objeto la prestación de servicios de asesoramiento, difusión e información sobre los recursos y manifestaciones históricas, culturales, artísticas o cualesquiera otras de carácter turístico de la Comunitat Valenciana, cuando estas se integren dentro del producto turístico y para cuyo ejercicio se exija la correspondiente licencia o habilitación».

Ambas comunidades inciden en un hecho que, por obvio, quizás nos pase desapercibido. El guía turístico es aquel que se dedica, lucrándose, a la prestación de servicios turísticos. En un país como España en el que el sector turístico es tan sumamente importante puede parecer que todo lo que hacemos es turismo pero, ¿es realmente así?.

Volvamos a jugar a las definiciones, ¿qué es el turismo?. La primera definición la dieron Walter Hunziker y Kart Krapf en 1942:

Turismo es el conjunto de relaciones y fenómenos que se producen como consecuencia del desplazamiento y estancia temporal de personas fuera de su lugar de residencia, siempre que no esté motivado por razones lucrativas.

Asímismo, esta definición fue actualizada por la Organización Mundial del Turismo:

Las actividades que realizan las personas durante sus viajes y estancias en lugares distintos al de su entorno habitual por un periodo de tiempo consecutivo inferior a un año con fines de ocio, por negocios y otros motivos.

Si atendemos a estas dos definiciones, las actividades turísticas son aquellas realizadas por personas que están fuera de su lugar habitual (es decir, que pernoctan fuera de su localidad por una duración inferior a un año). En consecuencia, con este grupo de ciudadanos solamente podrían trabajar los guías de turismo habilitados. Lógico, ¿verdad?

Pero, ¿qué sucede cuando guiamos a ciudadanos en su propia localidad y en su propio patrimonio? ¿Estamos trabajando como guías de turismo o como intérpretes del patrimonio? Pues si continuamos con la lógica aplicada antes, el ciudadano que visita su ciudad en ningún caso está realizando una labor turística, siendo totalmente legal que el intérprete de patrimonio ejerza su profesión libremente y sin interferencia alguna. Por tanto, el educador/profesor que va con su grupo de alumnos a visitar un bien patrimonial de su propia ciudad, ¿está haciendo una labor turística o educativa/cultural?; el intérprete de patrimonio que realiza una visita a un bien declarado Patrimonio de la Humanidad a ciudadanos de la propia localidad, ¿está realizando una labor turística o cultural?. La respuesta en estos casos es, obviamente, cultural.

Es por todo ello que resulta francamente sorprendente que Asociaciones de Guías de Turismo de diversas localidades ejerzan de lobby (grupos de presión) en contra de profesionales de la cultura (que no del turismo) que trabajan como autónomos en el patrimonio histórico artístico de su ciudad; empresas culturales (que no del turismo) que realizan visitan a bienes patrimoniales de su ciudad; educadores que visitan con sus alumnos los monumentos más destacados de su propia localidad (y que no están haciendo turismo), etc, etc, etc.

Es común leer fuertes críticas de estas asociaciones en prensa, como en el caso de El Correo de Andalucía hace unos meses, o airados comentarios (e insultos) en ideas contrarias a las suyas, como ocurrió en el blog de las amigas de La Cultura Crítica cuando planteaban si por tener el carnet de guía habilitado se es mejor guía que uno que no lo tuviera.

Seamos claros, la interpretación del patrimonio es una profesión real y diferenciada del trabajo del guía de turismo, a pesar de que muchos de éstos quieran absorberlo en el sector turístico.

Resumiendo. ¿Son acaso los guías habilitados de turismo los malos de la película?. No. Como todo en el género humano, hay profesionales del sector que son geniales, unos regulares y otros con los que es mejor no cruzarse pero, siendo francos, no son los generadores del perjuicio (aunque en algunos casos sí potencien el daño deliberadamente y saltándose la legalidad).

El problema radica en que existe una legislación vigente en el sector turístico pero no en el cultural. Seguramente ésto tenga que ver con el dinero que genera y mueve el turismo, tal y como comentábamos antes, y que es, a todas luces, un sector mucho más unido que el cultural. Los guías de turismo habilitados, siendo cierto que sufren el problema de guías no habilitados y free tours que deambulan entre lo legal e ilegal, están pescando en aguas revueltas y se aprovechan de la indefinición del sector cultural. Una indefinición que no han causado ellos, pero que les beneficia enormemente.

A modo de conclusión, dejo unas ideas para el debate. ¿Lo que diferencia la cultura del turismo es únicamente la pernoctación del ciudadano? ¿Hay discursos que son plenamente culturales? ¿Se convierten éstos automáticamente en un discurso turístico si se destina a un visitante foráneo? ¿Qué pensáis de la liberalización del sector? ¿Es una solución al conflicto entre guías de turismo e intérpretes del patrimonio?

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