‘El joven Velázquez’: un encuentro para el debate

Educación Virgen_ Velázquez Imagino que cuando John Marciari atribuyó ‘La educación de la Virgen’ en su artículo en Ars Magazine de 2010 a un jovencísimo Velázquez sabía que se encontraría con palabras de apoyo y otras, quizás más, en su contra. Pero creo tener la certeza de que poco se imaginaba que unos cuantos años después de su atribución se llevaría a cabo un magno Simposio Internacional en la ciudad natal del artista en cuestión. Así, en Octubre de 2014, se celebró durante tres días un encuentro que contó con veintinueve ponentes de todo el Mundo, investigadores de gran reputación, algunos los mejores de sus respectivas líneas de investigación, y cuatro mesas dedicadas a diversos temas relacionados con la época sevillana de Velázquez. Sevilla se convirtió en capital mundial de la investigación historiográfica del Siglo de Oro español.

Todo hay que agradecérselo al Doctor en Historia del Arte Benito Navarrete, profesor de la Universidad Complutense y Director del Instituto de la Cultura y las Artes de Sevilla, organizador del encuentro y comisario de la exposición que se celebra en el antiguo Convento de Santa Clara y al apoyo que le han ofrecido el Ayuntamiento de Sevilla y la Delegación de Cultura.

Siendo imposible, como resulta, ofrecer un resumen de todas las intervenciones que tuvieron lugar en el Simposio, desde este blog vamos a ofrecer un par de posts (si la conexión a internet lo permite) con algunas de las ideas más relevantes. Quien quiera disfrutar a conciencia de todo, no tendrá más que esperar a que salgan las actas del Simposio. ‘La educación de la Virgen’, ¿el primer Velázquez conocido? Uno de los objetivos principales de este Simposio, además de establecer la influencia de la cultura sevillana de las primeras décadas del XVII en el joven Velázquez, era el encuentro de especialistas para que se presentaran pruebas acerca de la atribución de la obra a Velázquez y que éstas fueran respondidas por especialistas que piensan lo contrario.

Fueron pocos los participantes que obviaron su opinión al respecto. Si hacemos caso a lo que se ha publicado en los medios de comunicación, podríamos pensar que la mayoría de los participantes se han inclinado en negar la autoría de un joven Velázquez, cuando la realidad fue al contrario.

Este impacto en los medios está explicado por dos de los investigadores que respaldan esta teoría, Jonathan Brown y Javier Portús, dos pesos pesados de la investigación histórico-artística del XVII español. Ambos se basan en razones formales para apoyar su tesis. Brown ve la obra como un mero pastiche, de poca calidad, que sigue los modelos velazqueños, referentes ya para la época en la zona sevillana e incluso en el Virreinato de la Nueva España. De mayor interés fue, a mi entender, el estudio de Javier Portús, jefe de Conservación de pintura española hasta 1700 del Museo del Prado, que ve en ‘La educación de la Virgen’ tres problemas básicos para atribuirlo a Velázquez: la composición, muy desordenada y llena de “ruido” que aleja nuestra atención de la parte principal de la obra (el libro donde Santa Ana y la Virgen niña señalan); falta de coherencia estilística, es decir, disparidad de cualidades en la obra; y diferencias entre esta obra y otras ya atribuidas a Velázquez (y reconocidas generalmente por la comunidad científica) en los mismos años. Portús nos ofreció un variado número de obras para comparar las diferencias de calidades y formas de ‘La educación de la Virgen’, fechada en 1617, ‘Vieja friendo huevos’ (1618), ‘Cristo en casa de Marta y María’ (ca.1620), ‘Los músicos’ (ca. 1617-1618), etc. Las diferencias de calidades resultan obvias y el punto que Portús quería demostrar quedó claro rápidamente, sin discusión alguna. IMG_20141017_201100 Sin embargo, la lista de investigadores que apoyan la atribución a Velázquez, si bien no parecen contar con el beneplácito de los medios, no es corta ni mucho menos deleznable: Benito Navarrete de la Universidad Complutense, Xavier Salomon de la Frick Collection de Nueva York, Peter Cherry de la Trinity College de Dublín y Fernando Marías de la Universidad Autónoma de Madrid, Ian MacClure y Carmen Albenda de Yale Universitiy, entre otros.

Aunque también se sirvieron de pruebas formales para identificarlo como un joven Velázquez, las pruebas más concluyentes fueron las técnicas, realizadas especialmente en el laboratorio científico de la Universidad de Yale: el estudio de los elementos pictóricos empleados, el mantoncillo de Venecia como soporte, la preparación de éste con barro de Sevilla, la demarcación de las figuras con un grueso trazo negro característico en toda la producción de Velázquez y, por último, la profundidad conceptual de la obra, el juego de miradas entre los personajes y la respuesta de la Virgen niña a las enseñanzas de Santa Ana apuntando ella también al libro sagrado mirando directamente al espectador.

Como asistente al Simposio Internacional y tras contemplar la obra en algunas ocasiones, debo reconocer que todos y cada uno de los participantes tenían (y tienen) razón en los aspectos que apuntaban. Pero, ¿a qué puede deberse esta disparidad de opiniones tan bien fundamentadas? La respuesta es sencilla, la conservación de ‘La educación de la Virgen’ deja mucho que desear, incluso después que la intervención de la Universidad de Yale, que ha apostado por no reconstruir las capas pictóricas desaparecidas para no afectar la opinión de los expertos a la hora de debatir la atribución.

Al cuadro le falta mucha materia pictórica, en algunos casos faltan trozos enteros de materia pictórica (como puede comprobarse en la parte baja), en otras, faltan las últimas capas en las que se definen contornos y figuras y, además, falta una indeterminada cantidad de soporte en todos los laterales que fue recortado, sin más, y que resalta muy claramente en la parte superior donde se intuye la figura de un ángel. Si a todo esto le sumamos que tenemos que confiar exclusivamente en las relaciones formales de la obra y en las pruebas técnicas que se le han realizado, ya que no hay ninguna documentación de la época relativa a esta obra (como, por otro lado, es común en la relación de obras de Velázquez), es lógico las diferentes opiniones de la comunidad científica. Sin embargo, ¿supone este debate que la falta de consenso señala la no-autoría de Velázquez? Nada más lejos de la realidad.

El debate, en una obra tan temprana y tan mal conservada, es completamente necesario y, además, muy sano. Pensemos que ninguna obra, exceptuando aquellas que están perfectamente documentadas, están exentas de este debate. El ojo del investigador, las relaciones que éste establece y la falta de confirmación documental fomenta el pertinente debate. Sin ir más lejos, ‘La educación de la Virgen’ no fue la única obra con falta de consenso. La miniatura con el retrato del Conde-Duque de Olivares conservado en Patrimonio Nacional también tuvo su detractor en la autoría de Velázquez. IMG_20141016_125743

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