San Telmo, orgullo del barroco

Cuando Leonardo de Figueroa se hizo cargo de las obras en 1721, el proyecto de construir un Colegio de Navegantes que revitalizase Sevilla como una próspera metrópolis, se encontraba ya en un punto muerto. La falta de financiación prometida por la Corona y la marcha de la Casa de la Contratación a Cádiz habían encallado su construcción.

En menos de 10 años, Leonardo de Figueroa no solo consiguió reimpulsar la construcción, sino que hizo suyo el edificio, respetando lo previamente construido por Antonio Rodríguez a finales del siglo XVII, estableciendo nuevas trazas que organizaron para los siglos sucesivos la disposición tipológica y compositiva de San Telmo y dotándolo de un lenguaje barroco culto, de amplias referencias personales.

A lo largo de los siglos, San Telmo se ha convertido en un referente de las sucesivas etapas históricas y artísticas, aunque paradójicamente siempre de espaldas a la ciudad, debido a los diferentes usos privados que se le dieron. Primero como escuela náutica para niños huérfanos y universidad de mareantes durante los siglos XVII y XVIII; como palacio y “Corte chica” de los Duques de Montpensier durante la segunda mitad del siglo XIX; como Seminario Metropolitano del Arzobispado de Sevilla en el siglo XX; y finalmente como sede de la Presidencia de la Junta de Andalucía, función que ejerce actualmente.

Estas funciones conllevaron grandes reformas estructurales de las trazas originales de Leonardo de Figueroa, cada una más invasiva que la anterior, para adaptar San Telmo al uso de cada época. Así, en la actualidad, sólo conservamos de la época barroca el eje axial del edificio, que comprende la portada principal, el zaguán, patio central y capilla.

Palacio de San Telmo, 1860

La portada, construida en 1734 bajo la dirección de Matías de Figueroa, hijo de Leonardo y continuador de su trabajo, es una de las mejores portadas barrocas de España, con un alto valor simbólico, estableciendo referencias a su fundación, uso y conexión tanto con Sevilla como con los virreinatos americanos. A modo de retablo pétreo, el primer cuerpo representa entre sus columnas labradas los trabajos de Hércules, figura mitológica de gran trascendencia como fundador de Sevilla, y a indios americanos soportando el balcón del segundo cuerpo. Sobre éste en torno a las columnas, 6 mujeres a cada lado representan las asignaturas de las Artes del Mar que se instruían en la Universidad de Mareantes. Sobre el balcón, un relieve de Felipe V testifica la fundación y apoyo de la Corona al edificio. Finalmente, en el tercer cuerpo, se encuentran San Telmo, patrón de los navegantes, flanqueado por los santos reyes sevillanos, San Fernando y San Hermenegildo.

El patio de honor, el gran eje en torno al cual se organiza el edificio, adquiere una especial importancia decorativa, en el que Leonardo de Figueroa repite esquemas utilizados en otras de sus construcciones, como los patios del antiguo convento de San Pablo, el de la Merced o, inclusive, la fachada de la iglesia de San Luís de los Franceses. Cabe reseñar el pulcro respeto con el que Balbino Marrón, arquitecto que en el siglo XIX reformó el edificio para adaptarlo a palacio para los Duques de Montpensier, remodeló la planta baja del patio, adoptando el gusto barroco ya caduco para respetar el lenguaje del espacio. Así, llena de hojarascas los pilares y encarga a Antonio Susillo una galería de pequeños bustos en terracota de personajes ilustres que decorarán las enjutas de los arcos, siguiendo el modelo de los bustos barrocos en mármol de San Telmo y Santo Domingo que flanquean la entrada a la capilla.

Es esta pequeña capilla dedicada a Nuestra Señora de los Buenos Aires, la verdadera joya artística del conjunto patrimonial que hoy es el Palacio de San Telmo. Consagrado en 1724, el espacio más antiguo de San Telmo es hoy, lamentablemente, un lugar desconocido para la sociedad, pero que es el mejor ejemplo de la obra artística del siglo XVIII en Sevilla, donde se concentran las obras de los mejores artistas de la época: el arquitecto Leornardo de Figueroa, el pintor Domingo Martínez, el retablista José de Maestre, el escultor Pedro Duque Cornejo o el orfebre Juan de Garay. Además, conserva obras de grandes maestros de épocas anteriores, como Juan de Oviedo, autor de la imagen titular de la capilla, y Pedro de Mena.

 

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Más allá de la innegable calidad artística sus autores, la capilla conserva su programa iconográfico original, diseñado por Domingo Martínez, que gira en torno a las dos funciones que tuvo el edificio de San Telmo durante los siglos XVII y XVIII: Universidad de Mareantes y orfanato. Así, Duque Cornejo talla sendas esculturas dedicadas a los santos patrones de la infancia San José y San Antonio de Padua, y Domingo Martínez copa de niños sus lienzos, primero con obras de la infancia de Cristo, como “La imposición del nombre a Jesús” o “Jesús entre los maestros en el templo”, y finalmente con los niños que dan la bienvenida a Jesús en “La entrada a Jerusalén” o “Los niños acercándose a Jesús”. Finalmente, en el retablo principal, se encuentran los santos patrones de la navegación, San Telmo y la Virgen de los Buenos Aires, así como los apóstoles marineros, San Pedro y San Andrés.

 

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Aunque el Palacio de San Telmo es uno de los enclaves más conocidos de Sevilla, como corte alternativa que fue de los Duques de Montpensier y, actualmente, como sede de la Presidencia de la Junta de Andalucía, es una verdadera joya del barroco casi totalmente desconocida que bien merece la pena redescubrir. Un motivo más de verdadero #OrgulloBarroco.

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‘Un Museo en la Universidad’

Capilla de Santa María de Jesús

Puerta Jerez, Sevilla

Organiza, CICUS

Hasta el 26 de Enero

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La capillita Santa María de Jesús es una de esas joyas patrimoniales que, a pesar de estar a plena vista de todos en uno de los lugares más concurridos del centro histórico de Sevilla, es lamentablemente poco conocida por la Sociedad en general.

En este pequeño enclave, trascendental para comprender la evolución de la Historia del Arte en Sevilla, el Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla consigue hilvanar diferentes trazos de la propia historia de la Universidad, exponiendo el patrimonio arqueológico que adquirió en el siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX en el edificio que es lo único que queda de lo que fue la primera sede de la Universidad de Sevilla, ya que fue derribado en la década de los años 20 del siglo pasado.

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Con este mismo patrimonio arqueológico, ‘Un museo en la universidad’ propone al visitante un recorrido por las diferentes etapas del mundo prehistórico y de la historia antigua. Así, nos encontramos con herramientas en piedra tallada del periodo paleolítico como ejemplo del modo de vida nómada de los primeros humanos, vasijas en barro cocido del periodo neolítico, pequeñas representaciones de divinidades egipcias posiblemente comercializadas por las culturas orientalizantes fenicia y griega y, como no, patrimonio arqueológico del periodo romano.

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Es una exposición sin demasiadas pretensiones, con una museografía ajustada a las circunstancias, pero que termina convirtiéndose en una visita agradable debido a la excelente calidad de algunas de las piezas expuestas y a la belleza del conjunto patrimonial que representa la Capilla de Santa María de Jesús.

Como ya hemos comentado, la capilla es lo único que nos ha quedado de la primitiva sede de la Universidad de Sevilla que fundara en 1506 Maese Rodrigo Fernández de Santaella. Aunque no sabemos demasiado de cómo era este edificio, tenemos algunos elementos gráficos que nos permiten conocerlo de primera mano, como la imagen que en el Retablo de la Capilla Maese Rodrigo entrega a la Virgen de la Antigua, o la fotografía de 1899 que la Profesora Titular de la Universidad de Sevilla, María Jesús Sanz, encontró en 1977 en ‘Impressions de l’Espagne’ de María Star.

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Construido en gótico-mudéjar, la capilla es uno de los últimos ejemplos de este estilo en la ciudad, ya que el Renacimiento comienza a hacer acto de presencia. Donde mejor podemos ver esta conjugación artística es en el Retablo que, con una arquitectura de tracería gótica, juega con la pintura renacentista de Alejo Fernández.

Es, sin lugar a dudas, una magnífica oportunidad para recorrer unos pedacitos de historia de la Universidad de Sevilla.

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La Cultura en manos del ciudadano…

No vivimos en tiempo de vacas gordas. La crisis económica hace años que azota España y parece no tener fin. Todos estamos sufriendo las consecuencias de la crisis y de la amarga, e hipotética, cura de los ‘recortes’.

El sector cultural es, a mi parecer, el más voluble dentro del marco de inversiones públicas. Todos sabemos que, para nuestros políticos, invertir en Cultura es ganar puntos de cara a las elecciones (por esta razón son numerosas las referencias a nuevos museos e instituciones culturales, itinerarios, restauraciones… que quieren vendernos en época electoral). Y bien, en algunos casos, las promesas se convierten en realidad y toda la Sociedad disfrutamos y nos aprovechamos de las bondades de dichos actos. Sin embargo, una vez inaugurado el proyecto cultural, las administraciones tienden a lavarse las manos adjudicándoles un presupuesto bastante ajustado y, siendo sinceros, cuando los problemas económicos aprietan, todos sabemos dónde suelen recortar primero.

Hoy he conocido un caso que ejemplifica a la perfección este comportamiento, el Institut Valencià de Conservació i Restauració de Béns CulturalsIVC+R.

Os recomiendo que visitéis su página institucional, en ella descubriréis todo en lo que han trabajado a lo largo de estos años, su esfuerzo y dedicación por restaurar nuestro (sí, de todos) Patrimonio y su voluntad de difundir nuestra Cultura en la Sociedad.

Lamentablemente, y como comentábamos antes, la administración pública, en este caso concreto la Generalitat Valenciana, ha decidido no seguir apoyando la labor cultural que el IVC+R ha estado ejerciendo. Todo ello a pesar de que digan en la misma página que antes referíamos, y cito literalmente, “La salvaguarda del legado cultural de la Comunitat Valenciana es un objetivo prioritario de la Generalitat”. 

La Generalitat Valenciana tiene previsto suprimir la Institución derogando mañana mismo día 19 de Octubre su ley de creación.

Nuestros políticos ya han tomado su decisión. Ahora nos toca a los ciudadanos defender nuestro Patrimonio y nuestra Cultura. Depende de nosotros. De tí y de mí. Tenemos en nuestra mano la oportunidad de decir que nosotros SÍ apreciamos lo que el IVC+R ha hecho en estos años y que, a diferencia de ellos, SÍ queremos que sigan haciéndolo.

Defiende tu Cultura. Firma esta petición dirigida a la Consellería de Turismo, Cultura y Deporte de la Generalitat Valenciana en contra de la supresión del IVC+R. Hacerlo es muy muy sencillo. Puedes firmar en la siguiente página web donde además encontrarás mucha información con en todo lo que la Institución ha trabajado.

http://www.change.org/es/peticiones/conseller%C3%ADa-de-turismo-cultura-y-deporte-de-la-generalitat-valenciana-apoyo-contra-la-supresi%C3%B3n-del-ivc-r

La Cultura está en tu mano.

¿Sabemos lo que hacemos?

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Francisco de Goya y Lucientes es un artista fascinante. A pesar de sus luces y sombras a nadie se le escapa que es un verdadero Genio, uno de los de verdad y no de esos que a base de repetición terminan vulgarizando el término.

A Goya lo conocemos como el padre del Arte Moderno. Fue uno de los primeros artistas que abogó por la libertad de creación del artista y en sus pinturas, grabados y dibujos encontramos antecedentes directos a lo que después se hará en la pintura simbolista, surrealista y expresionista.

Sin embargo se suele pasar por alto otra de las cualidades de Goya en las que el artista se adelanta a su tiempo, la de reportero de Guerra. En los grabados y dibujos preparatorios de los Desastres de la GuerraGoya nos presenta la cruenta realidad, sin  aportar una visión partidista ni ensalzando a ningún héroe. La guerra deja de ser representada como una vía hacia la inmortalidad para ser mostrada de manera objetiva.

Todo esto que estamos comentando es bien sabido por todos y, aún así, Goya sigue sorprendiéndonos. En mi caso, lo ha hecho con la obra que les presento arriba. Es el dibujo número 19 del Álbum E, conservado en la Staatliche Museen Preußischer Kulturbesitz, Kupferstichkabinett de Berlín y  realizado entre los años 1814 y 1817, es decir, aún en relación con los asuntos acaecidos en la Guerra de la Independencia. La imagen habla por sí misma. Un hombre, piqueta en mano, destroza una escultura. Goya no contextualiza la imagen, tan solo escribe “No sabe lo qe. hace”. Y es que no importa el qué representaba la escultura, si el hombre está ejecutando un acto iconoclasta o si su afán es meramente destructivo. Goya está planteando, a principios del siglo XIX, una crítica a la destrucción del Patrimonio.

Particularmente, la imagen que Goya nos ofrece me ha traído a la mente ésta otra que tuvo lugar la madrugada del 1 de Julio y que pudo verse en varios periódicos locales, cuando toda España celebraba el segundo título consecutivo de la Eurocopa y algunos energúmenos se dedicaron a destrozar la fuente que Brackembury realizara para Puerta Jerez en el contexto de la Exposición Iberoamericana de 1929. Y es que, aunque Sevilla es una ciudad con un conjunto histórico Patrimonio de la Humanidad declarada por la UNESCO y poseedora de un ingente número de bienes patrimoniales, parece ser que el respeto por aquello que la Historia nos ha dejado en herencia brilla por su ausencia. Es rara la semana en la que no nos encontramos algún tipo de patrimonio destrozado en actos vandálicos.

A pesar de que ha pasado mucho tiempo desde que Goya reflexionara sobre estos temas en sus dibujos, parece ser que no hemos conseguido avanzar mucho al respecto, y no sólo por causa de algunos incultos piqueta en mano. Pensemos en los daños patrimoniales acaecidos en los siglos de la Época Contemporánea. Las Guerras Carlistas, el expolio de iglesias y conventos en los siglos XIX y XX a manos de compradores voraces, la Guerra Civil, las malas restauraciones (el ejemplo del Ecce Homode Borja sigue muy presente) y, finalmente, el afán destructor de unos pocos y la desidia de muchos, se ha estado cebando con nuestro Patrimonio. Quizás no sea vano recordar que todo este Patrimonio Histórico es algo que nos define, nos muestra de dónde venimos y nos pertenece a todos, haciéndonos a todos responsables de su conservación.

Pero, ¿qué pasa entonces? ¿es el deterioro de nuestro Patrimonio el resultado del comportamiento de unos pocos vándalos? Lamentablemente, la respuesta es NO. Hay otros protagonistas que mediante su inacción son responsables de algunos graves atentados patrimoniales.

Aunque gran parte del Patrimonio histórico es de titularidad pública (Estado, autonomías, municipios), otra gran parte está en manos de un titular privado, la institución Iglesia, siendo ellos mismos los que, en algunos casos, hacen uso y disfrute de esos mismos bienes. Son ellos, por lo tanto, los que deben hacerse cargo de su óptimo estado, a pesar de que la realidad sea muy diferente. Quisiera poner dos ejemplos.

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El caso de la Iglesia de Santa Catalina ya lo hemos tratado en el Blog y quizás sea el más flagrante de los que han estado sucediendo en los últimos años en Sevilla. El edificio lleva más de 3.000 días cerrado a causa de los numerosos desperfectos con los que cuenta. Hace unos meses Francisco Granero pidió que se acometiesen obras de reparación ante los riesgos de un posible derrumbe de la Iglesia Gótico-Mudéjar y algo de resultado tuvieron sus palabras, ya que Ayuntamiento y Junta de Andalucía se decidieron a poner dinero sobre la mesa para su restauración, cosa que el Arzobispado no hizo, a pesar de ser el titular del inmueble y el máximo interesado en su recuperación.  A pesar de todo, a principios de Septiembre el Arzobispo Asenjo le dedicó unas palabras a la Iglesia, quitándole hierro al asunto y asegurando que un arquitecto (anónimo) afirmaba que no hay peligro de derrumbe inminente del inmueble y que, por tanto, la restauración de urgencia no era necesaria. Sin ánimo de desacreditar la honorable opinión del reputado Sr. Anónimo ni la confianza puesta en él por el Arzobispado, sí habría que tener en cuenta la vergonzosa actitud de acometer actos de restauración única y exclusivamente cuando existe riesgo de derrumbe. Nuestro Patrimonio se merece ser conservado en las mejores condiciones. Otra cosa es que nosotros no estemos a la altura de ésas condiciones.

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Un segundo ejemplo, en este caso de titularidad pública, lo encontramos en el Museo Arqueológico Provincial, situada en uno de los Pabellones de Aníbal González para la Exposición Iberoamericana. En este caso no hablaremos del proyecto de reforma de Vázquez Consuegra (que parece estar paralizado) ni del estado de conservación material del edificio, que dista mucho de ser óptima (como ejemplo, hasta hace unos meses se podía ver en la entrada un cartel advirtiendo del peligro por desprendimiento de algunos elementos decorativos de la parte superior…) pero que al menos es visitable (algo es algo). El Museo es uno de los más importantes a nivel nacional desde el punto de vista de su colección, aunque museográficamente diste mucho de ese puesto. La cartelería es pretérita, la disposición de las piezas parece un cajón de sastre y la pedagogía brilla por su ausencia, por no hablar de que la “joya de la corona” de la Colección, el Tesoro del Carambolo, ha vuelto a ser guardado en la caja fuerte porque el edificio no cuenta con las medidas de seguridad necesaria para su exposición. En este caso no nos encontramos con un caso literal de destrozo del Patrimonio, sino de falta de inversión pública, de conservación preventiva y difusión de la Colección.

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Goya lo tenía claro cuando pensaba en los culpables. En el grabado número 77 de la serie Los Desastres de la Guerra los señaló directamente. En la imagen, un numeroso grupo de personas hace cola para encontrarse con un lobo que escribe sobre un pergamino “Mísera humanidad, la culpa es tuya”. Goya hace notar que quizás no son esas gentes las que generaron el enfrentamiento entre Francia y España, puede que ni siquiera ellos participaran de los crímenes que acontecieron entre 1808 y 1814, que no apoyaran a los afrancesados o el regreso absolutista de Fernando VII… pero desde luego, sí lo permitieron.

De igual manera, no fuimos nosotros quienes destrozamos la fuente de Puerta Jerez, ni somos los titulares de la Iglesia de Santa Catalina ni del Museo Arqueológico Provincial de Sevilla, pero SÍ somos responsables de lo que suceda con ellos. Ya es hora de que la desidia abandone el tablero de juego. Es el momento de tomar conciencia y luchar por nuestro Patrimonio. Hay ejemplos de que nuestro esfuerzo sí tiene recompensas. Un grupo ciudadano lucha todos los días por la restauración de Santa Catalina desde las Redes Sociales y el Blog Cultura de Sevilla denunció en 2010 la irregular actuación sobre la Casa de la Moneda consiguiendo la paralización de las obras.

TÚ puedes hacer mucho por la conservación de nuestro Patrimonio. Pero, ¿sabes lo que haces?

‘El tiempo en la mirada’

Rectorado de la Universidad de Sevilla

Comisario, Luis Méndez Rodríguez

Hasta el 31 de Agosto

Hay pocas cosas más certeras que el tiempo y su inexorable fluir. En ocasiones su tránsito se nos hace lento y tortuoso, aunque en otras ocasiones es tan rápido que dudamos de la realidad y su efervescencia. El tiempo pasa y todo se transforma.

A pesar de todo, contamos con algunos recursos que nos permiten quedarnos con un trocito de la historia, del tránsito del tiempo, de un momento y una situación específica. La memoria y las herramientas gráficas (dibujo, pintura, grabado, fotografía…) son las únicas máquinas del tiempo que existen.

Todos nos aferramos al tiempo. Todos guardamos un grato recuerdo de un momento pasado, una imagen nítida de cierto viaje que realizamos, o la musicalidad de cierta melodía de la infancia…

Los historiadores del Arte hemos hecho de ese tiempo pasado nuestro oficio y vivimos (o hacemos lo que podemos…) estudiando esas imágenes que nos traen al presente retazos del pasado, de elementos físicos que lamentablemente ya se han perdido y que tan solo existen en ciertas obras.

Esta es la premisa que queda detrás de ‘El tiempo en la mirada’, la exposición que nos recibe en el hall del Rectorado de la Universidad de Sevilla. Luis Méndez, Comisario de la muestra, y director del Servicio General de Fototeca del Laboratorio de Arte, ha sido el encargado de traernos imágenes de la Sevilla (capital y provincia) del pasado. Hay que reconocer que recorrer la exposición en este espacio original del XVIII, como es la antigua Real Fábrica de Tabacos, ya nos introduce plenamente en un tiempo pretérito, pero el proceso se completa al introducirnos en algunas de esas imágenes que conforman la exposición.

La gran protagonista es la propia Fototeca del Laboratorio de Arte. Cualquiera de los que hemos tenido la oportunidad de formarnos como historiadores en la hispalense sabemos de la enorme calidad de la misma y de su indiscutible importancia en el ejercicio de la Historia del Arte en esta ciudad, ya que se creó a principios del XX por Murillo Herrera para dotar de imágenes documentales el departamento y servir de herramienta a los investigadores. A día de hoy, es uno de los mejores tesoros documentales de Sevilla.

Por esa razón, además de hacer un repaso por el origen de la fotografía y sus implicaciones, se nos muestra como trabajaban los primeros investigadores de la Fototeca, sus herramientas, libretas para documentar y cámaras (sí, esos enormes aparatos que no cabían, como ahora, en los bolsos).

Es un placer poder recorrer cada uno de los paneles y fijarse en cada una de las  fotografías (aunque alguna que otra tiene erratas identificativas en la cartelería). Tengo que reconocer que yo soy un amante de la fotografía antigua. No tanto como soporte artístico, sino como puente entre dos épocas. Podemos ver cómo han cambiado algunos monumentos, contemplar algunos que ya ni siquiera existen, dislumbrar maravillas que de otra manera hubiese sido imposible conocer. Y hay que reconocer que en Sevilla, de eso tenemos para dar y regalar. Hemos perdido infinidad de patrimonio artístico, referentes históricos que se han diluido con el paso del tiempo y que ya tan solo existen en el papel fotográfico. Exposiciones como estas nos permiten, a parte de contemplar el magnífico tesoro documental con el que cuenta el Departamento de Historia del Arte, a aprender una lección acerca del respeto al Patrimonio Histórico. Porque o defendemos lo que tenemos, o las futuras generaciones tendrán que contemplarlo por fotografías como estas (o quizás en 3D, hologramas, realidad aumentada o lo que sea… pero no la realidad verdadera).

#SalvemosSantaCatalina

Viernes 18 de Mayo, 20h. La Sociedad se concentra en las puertas de la Iglesia sevillana de Santa Catalina. Solo hay una consigna ‘Salvemos Santa Catalina’.

Hace ya ocho años que la iglesia se encuentre cerrada por motivos de seguridad. El pasado día 8, el arquitecto de Santa Catalina, Francisco Granero, advirtió que o nos ponemos manos a la obra para rehabilitar el edificio o nos quedamos sin él.

La iglesia de Santa Catalina es un conjunto declarado Monumento Nacional que atesora verdaderas joyas de nuestro patrimonio histórico desde el pasado gótico-mudéjar del siglo XIV, el barroco sevillano de Leonardo de Figueroa en el XVIII o incluso retazos de otras iglesias como la portada, que pertenecía a Santa Lucía.

Ayer nos reunimos muchos ciudadanos, que no estamos dispuestos a perder este Patrimonio, en una concentración organizada a través de las redes sociales. Ciudadanos que queremos disfrutar de la riqueza cultural que atesoran nuestros monumentos. Es por ello que se organizó una concentración para convertir Santa Catalina en un muro de las lamentaciones, donde cada uno podría pegar en las paredes del edificio qué haría con el monumento o qué piensa de la situación por la que está pasando Santa Catalina. Además, se recogieron firmas para que quede constancia de la cantidad de ciudadanos que respaldamos la concentración y hacérselo llegar a los poderes correspondientes.

Pero, ¿quién o quienes son los responsables? Básicamente son tres. El primero, quien más culpa tiene, es el propio Arzobispado de Sevilla. Cabe recordar que el edificio es una iglesia, que hasta que se cerró hace ocho años seguía teniendo un uso litúrgico. De hecho es la propia Iglesia la titular del edificio. El Arzobispado de Sevilla es el primer responsable en permitir su degradación y, puesto que el edificio es suyo, debe ser el primer responsable en hacerse cargo de su completa rehabilitación.

El segundo responsable de su mantenimiento debe ser el Ayuntamiento de Sevilla. Ya hemos comentado que la iglesia pertenece al Arzobispado de Sevilla. ¿Por qué debe el Ayuntamiento hacerse cargo entonces de esta situación? Por una razón muy simple. La Iglesia de Santa Catalina fue declarada Monumento Nacional (B.I.C.) hay ya un siglo, en 1912, y el garante de la protección del patrimonio sevillano es el propio Ayuntamiento.

Por la misma razón, el tercer implicado en la situación de Santa Catalina es la Junta de Andalucía, que debe de hacerse cargo de la protección y mantenimiento del Patrimonio andaluz.

Todos ellos son los responsables de esta situación y todos ellos deben trabajar unidos para devolver a su esplendor original este monumento patrimonial. Por esta razón muchos ciudadanos nos concentramos ayer a las puertas de Santa Catalina. Porque queremos hacer ver a los responsables de esta situación que nosotros sí nos interesamos por nuestro Patrimonio. #SalvemosSantaCatalina