San Telmo, orgullo del barroco

Cuando Leonardo de Figueroa se hizo cargo de las obras en 1721, el proyecto de construir un Colegio de Navegantes que revitalizase Sevilla como una próspera metrópolis, se encontraba ya en un punto muerto. La falta de financiación prometida por la Corona y la marcha de la Casa de la Contratación a Cádiz habían encallado su construcción.

En menos de 10 años, Leonardo de Figueroa no solo consiguió reimpulsar la construcción, sino que hizo suyo el edificio, respetando lo previamente construido por Antonio Rodríguez a finales del siglo XVII, estableciendo nuevas trazas que organizaron para los siglos sucesivos la disposición tipológica y compositiva de San Telmo y dotándolo de un lenguaje barroco culto, de amplias referencias personales.

A lo largo de los siglos, San Telmo se ha convertido en un referente de las sucesivas etapas históricas y artísticas, aunque paradójicamente siempre de espaldas a la ciudad, debido a los diferentes usos privados que se le dieron. Primero como escuela náutica para niños huérfanos y universidad de mareantes durante los siglos XVII y XVIII; como palacio y “Corte chica” de los Duques de Montpensier durante la segunda mitad del siglo XIX; como Seminario Metropolitano del Arzobispado de Sevilla en el siglo XX; y finalmente como sede de la Presidencia de la Junta de Andalucía, función que ejerce actualmente.

Estas funciones conllevaron grandes reformas estructurales de las trazas originales de Leonardo de Figueroa, cada una más invasiva que la anterior, para adaptar San Telmo al uso de cada época. Así, en la actualidad, sólo conservamos de la época barroca el eje axial del edificio, que comprende la portada principal, el zaguán, patio central y capilla.

Palacio de San Telmo, 1860

La portada, construida en 1734 bajo la dirección de Matías de Figueroa, hijo de Leonardo y continuador de su trabajo, es una de las mejores portadas barrocas de España, con un alto valor simbólico, estableciendo referencias a su fundación, uso y conexión tanto con Sevilla como con los virreinatos americanos. A modo de retablo pétreo, el primer cuerpo representa entre sus columnas labradas los trabajos de Hércules, figura mitológica de gran trascendencia como fundador de Sevilla, y a indios americanos soportando el balcón del segundo cuerpo. Sobre éste en torno a las columnas, 6 mujeres a cada lado representan las asignaturas de las Artes del Mar que se instruían en la Universidad de Mareantes. Sobre el balcón, un relieve de Felipe V testifica la fundación y apoyo de la Corona al edificio. Finalmente, en el tercer cuerpo, se encuentran San Telmo, patrón de los navegantes, flanqueado por los santos reyes sevillanos, San Fernando y San Hermenegildo.

El patio de honor, el gran eje en torno al cual se organiza el edificio, adquiere una especial importancia decorativa, en el que Leonardo de Figueroa repite esquemas utilizados en otras de sus construcciones, como los patios del antiguo convento de San Pablo, el de la Merced o, inclusive, la fachada de la iglesia de San Luís de los Franceses. Cabe reseñar el pulcro respeto con el que Balbino Marrón, arquitecto que en el siglo XIX reformó el edificio para adaptarlo a palacio para los Duques de Montpensier, remodeló la planta baja del patio, adoptando el gusto barroco ya caduco para respetar el lenguaje del espacio. Así, llena de hojarascas los pilares y encarga a Antonio Susillo una galería de pequeños bustos en terracota de personajes ilustres que decorarán las enjutas de los arcos, siguiendo el modelo de los bustos barrocos en mármol de San Telmo y Santo Domingo que flanquean la entrada a la capilla.

Es esta pequeña capilla dedicada a Nuestra Señora de los Buenos Aires, la verdadera joya artística del conjunto patrimonial que hoy es el Palacio de San Telmo. Consagrado en 1724, el espacio más antiguo de San Telmo es hoy, lamentablemente, un lugar desconocido para la sociedad, pero que es el mejor ejemplo de la obra artística del siglo XVIII en Sevilla, donde se concentran las obras de los mejores artistas de la época: el arquitecto Leornardo de Figueroa, el pintor Domingo Martínez, el retablista José de Maestre, el escultor Pedro Duque Cornejo o el orfebre Juan de Garay. Además, conserva obras de grandes maestros de épocas anteriores, como Juan de Oviedo, autor de la imagen titular de la capilla, y Pedro de Mena.

 

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Más allá de la innegable calidad artística sus autores, la capilla conserva su programa iconográfico original, diseñado por Domingo Martínez, que gira en torno a las dos funciones que tuvo el edificio de San Telmo durante los siglos XVII y XVIII: Universidad de Mareantes y orfanato. Así, Duque Cornejo talla sendas esculturas dedicadas a los santos patrones de la infancia San José y San Antonio de Padua, y Domingo Martínez copa de niños sus lienzos, primero con obras de la infancia de Cristo, como “La imposición del nombre a Jesús” o “Jesús entre los maestros en el templo”, y finalmente con los niños que dan la bienvenida a Jesús en “La entrada a Jerusalén” o “Los niños acercándose a Jesús”. Finalmente, en el retablo principal, se encuentran los santos patrones de la navegación, San Telmo y la Virgen de los Buenos Aires, así como los apóstoles marineros, San Pedro y San Andrés.

 

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Aunque el Palacio de San Telmo es uno de los enclaves más conocidos de Sevilla, como corte alternativa que fue de los Duques de Montpensier y, actualmente, como sede de la Presidencia de la Junta de Andalucía, es una verdadera joya del barroco casi totalmente desconocida que bien merece la pena redescubrir. Un motivo más de verdadero #OrgulloBarroco.

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